Los secretos que el alma esconde y el corazón desvela.
Siempre he tenido la sensación de no saber exactamente qué pintaba yo en un sitio cómo este, viviendo una vida a la que no le encontraba yo mucha explicación, sintiéndome un poco extraña sin saber el por qué, un poco ajena a todo…
Cuentan los antiguos relatos de los hombres de mar, que el origen de las olas es incierto, las corrientes, el viento, las mareas…Hace poco descubrí que no, que las olas son susurros de corazones perdidos en otros lugares que lloran por volver a encontrarse, en otro mundo, en cualquier momento, de cualquier forma.
Hace muchos siglos, en una pequeña aldea de pescadores vivió una mujer con su amado, ellos no podían tener hijos por una jugada cruel del destino, pero decidieron que ese amor que no podían dar a sus propios hijos sería repartido entre todos los que vivían a su alrededor. Su vida era una dedicación constante hacia los demás, incluso en ocasiones no importaba la pobreza en la que vivían, ellos regalaban cualquier cosa que al resto de habitantes de la aldea pudiera hacer falta.
Su vida era plena, se amaban, disfrutaban del día a día, a veces comían, otras no, pero el amor es así, alimenta y sobra el resto.
Pero claro, el destino sigue haciendo de las suyas y un día el marido enfermó y murió, así, sin previo aviso, de la noche a la mañana Mar se quedó sola y su corazón partió junto al alma de su amado.
Lo que en un principio era una labor desinteresada de dos personas que se aman hacia los demás, se convirtió en una obligación a la que Mar no pudo corresponder, su corazón se encontraba a kilómetros de distancia y no tenía ganas de vivir, pero nadie se daba cuenta de ello, sólo pensaban en lo egoísta que se había vuelto una vez había muerto su amado.
Pasaban los años y Mar se iba marchitando poco a poco, era una joven bella y en cuestión de pocos años se iba convirtiendo en una flor mustia, sin alegría, sus ojos color miel se apagaban por momentos, la luz que antaño iluminaba la vida de los demás era tan tenue que ni su propia vida conseguía iluminar.
Una mañana en la que Mar se encontraba sentada con la mirada perdida hacia el horizonte en la orilla de la playa, pidió desde lo más profundo de su ser volver a encontrar su corazón, allá donde estuviera, según había escuchado ella desde su tierna infancia a los mayores del lugar, pídeselo a las olas, susúrraselo al mar… así hizo ella. Deseó con todas sus fuerzas poder amar con tanta intensidad como lo había hecho a su amado, poder dar todo el cariño que sentía que le explotaba en el corazón, deseó…
Una mañana caminando por la playa, cuando ya lo daba todo por perdido, en la maleza que el mar escupe tras las tormentas vio algo blanco moverse, se acercó y vio los ojos más bonitos que jamás vio, una mirada tan dulce y llena de amor que en ese momento supo que allí le habían devuelto su corazón. Un pequeño animalito fue el único capaz de comprender que no siempre estamos aquí para recibir cariño, sino que hay sentimientos que el alma esconde y solo el corazón desvela, un corazón dispuesto a repartir amor.
Su corazón se llamó Kala, un mar de amor desinteresado, un alma pura que descubre un corazón perdido, una vida.
Siempre he tenido la sensación de no saber exactamente qué pintaba yo en un sitio cómo este, viviendo una vida a la que no le encontraba yo mucha explicación, sintiéndome un poco extraña sin saber el por qué, un poco ajena a todo…
Cuentan los antiguos relatos de los hombres de mar, que el origen de las olas es incierto, las corrientes, el viento, las mareas…Hace poco descubrí que no, que las olas son susurros de corazones perdidos en otros lugares que lloran por volver a encontrarse, en otro mundo, en cualquier momento, de cualquier forma.
Hace muchos siglos, en una pequeña aldea de pescadores vivió una mujer con su amado, ellos no podían tener hijos por una jugada cruel del destino, pero decidieron que ese amor que no podían dar a sus propios hijos sería repartido entre todos los que vivían a su alrededor. Su vida era una dedicación constante hacia los demás, incluso en ocasiones no importaba la pobreza en la que vivían, ellos regalaban cualquier cosa que al resto de habitantes de la aldea pudiera hacer falta.
Su vida era plena, se amaban, disfrutaban del día a día, a veces comían, otras no, pero el amor es así, alimenta y sobra el resto.
Pero claro, el destino sigue haciendo de las suyas y un día el marido enfermó y murió, así, sin previo aviso, de la noche a la mañana Mar se quedó sola y su corazón partió junto al alma de su amado.
Lo que en un principio era una labor desinteresada de dos personas que se aman hacia los demás, se convirtió en una obligación a la que Mar no pudo corresponder, su corazón se encontraba a kilómetros de distancia y no tenía ganas de vivir, pero nadie se daba cuenta de ello, sólo pensaban en lo egoísta que se había vuelto una vez había muerto su amado.
Pasaban los años y Mar se iba marchitando poco a poco, era una joven bella y en cuestión de pocos años se iba convirtiendo en una flor mustia, sin alegría, sus ojos color miel se apagaban por momentos, la luz que antaño iluminaba la vida de los demás era tan tenue que ni su propia vida conseguía iluminar.
Una mañana en la que Mar se encontraba sentada con la mirada perdida hacia el horizonte en la orilla de la playa, pidió desde lo más profundo de su ser volver a encontrar su corazón, allá donde estuviera, según había escuchado ella desde su tierna infancia a los mayores del lugar, pídeselo a las olas, susúrraselo al mar… así hizo ella. Deseó con todas sus fuerzas poder amar con tanta intensidad como lo había hecho a su amado, poder dar todo el cariño que sentía que le explotaba en el corazón, deseó…
Una mañana caminando por la playa, cuando ya lo daba todo por perdido, en la maleza que el mar escupe tras las tormentas vio algo blanco moverse, se acercó y vio los ojos más bonitos que jamás vio, una mirada tan dulce y llena de amor que en ese momento supo que allí le habían devuelto su corazón. Un pequeño animalito fue el único capaz de comprender que no siempre estamos aquí para recibir cariño, sino que hay sentimientos que el alma esconde y solo el corazón desvela, un corazón dispuesto a repartir amor.
Su corazón se llamó Kala, un mar de amor desinteresado, un alma pura que descubre un corazón perdido, una vida.